Copyright ¿protección o expoliación?
Hasta ahora, el copyright había sido una regulación mercantil; no planteada como un derecho o monopolio de los propietarios, sino una medida de difusión intelectual y de protección de la inversión de los editores frente a otros editores, no frente al público. El uso ultrarrestrictivo que actualmente se le quiere otorgar mediante ciertas leyes (DMCA, Directiva Europea de Copyright, etc.) es inédito. Si juntamos la extrema vigencia temporal de estos "derechos" tenemos que en la actualidad, estos representan una barrera a la incorporación de la cultura al dominio público, amenazando el ejercicio del derecho de acceso universal a la cultura.
Hay vida más allá del copyright restrictivo. Y ello pese a las amenazas, las persecuciones y las apocalípticas declaraciones de quienes (como la SGAE, la BSA o la RIAA) viven de mercantilizar y explotar toda expresión del pensamiento humano y de convertir en escasos, bienes infinitos. A pesar de estos corsarios de la creación ajena, que fomentan la escasez de modo artificial, siempre existe abundancia al menos al ámbito de la producción intelectual y hay posibilidades reales de estimular la creación, de romper la "brecha digital", de compartir el conocimiento, la cultura y el arte, de vivir de las creaciones propias, de replantear la industria, y todo ello sin necesidad de cercenar derechos básicos de la ciudadanía ni de endurecer el código penal, ni de criminalizar la cooperación mutua o penalizar la libre circulación del saber.
Los beneficiarios de la restricción del derecho de copia tratan de negarlo, de ocultarlo, de criminalizarlo, pero mal que les pese existe todo un ámbito de cultura comun, que ha existido siempre en forma de expresiones de cultura popular y que hoy alcanza todo su apogeo con la cultura digital. Estamos cada vez mas inmersos en una economía global cuya base material son precisamente estos bienes que no asumen ninguna forma material. Pensar que el mismo sistema legal ideado para el mundo físico puede imponerse para un entorno fundamentalmente distinto como el ciberespacio es una torpeza de gigantescas proporciones que ya estamos pagando todos, en forma de leyes injustas, de prácticas empresariales abusivas y de la criminalización de la inmensa mayoría de la población, a la que se considera "pirata" en potencia. Con políticas restrictivas y de beneficio de los poseedores de patentes de corso, no se fomenta la creación, sino que se envenena la convivencia, se secan las fuentes de la innovación y se dificulta la innovación. Eso sí: se engordan las cuentas corrientes de los abogados y de las corporaciones.
La propiedad intelectual no es una mercancía como cualquier otra, porque implica siempre una comunidad de continuidad histórica, que da sentido y valor a la obra en cuestión, y porque las ideas no están sujetas al principio de escasez que convierte a las cosas en mercancías. ¿En nombre de qué se puede limitar el acceso a "bienes infinitos", como melodías, algoritmos, textos, programas de software, etc., cuando nada de ello se gasta o desgasta. Roto el contrato social que justificaba la protección del copyright y las patentes, en el contexto de la imprenta, la restricción de la propiedad vuelve a ser cosa de fuerza bruta, de litigios, de amenazas, de penas. Los abogados de las multinacionales discográficas o editoras y, en general, los defensores de restringir los derechos del público (el mismo publico al que amenazan, roban y extorsionan, el mismo público a partir del cual han amasado fortunas inmensas) actúan como si el tiempo pudiera detenerse, como si hubiese que perpetuar la era de la escasez solo para conservar un modelo industrial y cultural insostenible, como si se pudiesen obviar las posibilidades que actualmente tenemos y que nos permiten vivir en una era de la abundancia y de la libertad al menos en el ámbito de lo inmaterial. El modelo del software libre es especialmente revelador: piezas de altísima calidad elaboradas por cerebros conectados por red de los cinco continentes, composición y colaboración en una obra conjunta gracias a un formato infinitamente flexible, etc. El software libre, y todos los ejemplos de cooperación sin mando que podamos imaginar, serían imposibles de hecho y de derecho si triunfasen los modelos propietarios en todos los territorios creativos y existenciales.
Fuentes http://copyleft.sindominio.net/ y http://www.crisisenergetica.org/
